NUNCA HABÍA HECHO UN VIAJE EN UN VEHÍCULO DE DOS RUEDAS

Mi primer viaje en moto por el Parque Natural del Cabo de Gata

Por Mónica Gordillo, viajera y amiga de DIARIO SALIR

Aunque siempre he sido una persona con muchas inquietudes y me ha gustado probar experiencias nuevas, lo que no podía imaginarme es que un día me enamoraría apasionadamente de los viajes en moto. Porque nunca había hecho un viaje en uno de estos vehículos de dos ruedas. Mi primera toma de contacto con las motos había sido un breve paseo por Madrid. No podía imaginarme, en ese momento, que la segunda vez que montase en moto sería para recorrer 1.500 km por la costa almeriense. Salíamos desde cerca de Madrid, con la idea de hacer paradas en diferentes lugares muy interesantes de nuestra geografía, hasta llegar al Parque Natural del Cabo de Gata.

Ruta moto almeria_baja

 

Mi primer viaje en moto por el Parque Natural del Cabo de Gata
Almeria, mirador de la granatilla. Cabo de Gata, Nijar_baja
Almeria, mirador de la granatilla. Cabo de Gata, Nijar_baja

Todo surgió de repente. Cuando ya creía que mis vacaciones de verano tocaban a su fin, mi pareja y compañero de viajes desde entonces, Alberto, me invitó a probar una experiencia nueva. La propuesta consistía en recorrer alrededor de 1.500km en moto durante un largo fin de semana, parando solo para visitar lugares que se me antojaron mágicos, comer para reponer fuerzas y dormir para prepararnos para la siguiente jornada.

Faro cabo de gata, arrecife de las sirenas_baja

Acostumbrada a viajar con al menos una pequeña maleta, lo primero que aprendí fue a reducir mi preciado y a veces un poco “ampliado” equipaje, a lo imprescindible para rellenar una maleta de moto. No sabía cómo meter todo lo necesario para mí en tan “reducido” espacio. Al menos eso me parecía a mí. Un imposible receptáculo en el que no sabía cómo acomodar, ni como doblar, la imprescindible toalla de playa y que esta me dejase espacio suficiente para la ropa, el neceser y un par de faldas más. Porque aquella era mi primera cita “seria” con mi pareja y ¡¿cómo iba a ir sin los suficientes modelitos como para sorprenderle?!

Alberto vino a recogerme en su coche, lo que me hizo pensar que había cambiado de idea, pero no. Teníamos que desplazarnos hasta un pueblo de Toledo cercano a Madrid, Recas, en el que recogeríamos la moto. Y me reservaba una agradable sorpresa. Sabía que su moto era grande, la había visto en fotos, pero ¡ostras, que moto! Perdonaréis mi expresión, pero fue lo primero y lo único que me vino a la cabeza cuando, de entre un montón de trastos, sacó del garaje aquel “caballo mecánico” japonés de 1.400 cc.

Junto a la moto me sentí un poco perdida, sin saber cómo subir. Si por la izquierda, la derecha, si agarrándome a él, o haciendo equilibrios. Trate de hacerlo lo mejor posible, pero fue inevitable pensar que la moto volcaría a un lado de un momento a otro... Objetivo conseguido. Después de todo no había sido tan difícil.

Empezamos el viaje rodando hacia la costa almeriense, pero nuestra primera parada fue en la provincia de Albacete. En el nacimiento del Rio Mundo. Invito a todos a conocer este paraje emblemático castellano-manchego. Y especialmente a los moteros a los que no dejará indiferentes el recorrido de acceso, en el que podrán disfrutar de la conducción de sus motos por las alucinantes curvas que llevan hasta allí. Eso sí, tomarlas con precaución. Es una bella carretera, no un circuito de carreras.

Camino nacimiento Rio Mundo, Albacete-baja

Mi primer viaje en moto, me ofrecía la posibilidad de sentir el aire en cada tramo del recorrido, acariciando el mono de cuero, cada olor que nos regala la naturaleza, y unas vistas que no pasan indiferentes a través de la visera del casco.

Pese a ser mi primera experiencia en moto, fue  completa, porque al acercarnos al Rio mundo, nos encontramos con un nubarrón gris que oscureció el cielo y me hizo descubrir lo que es una buena tormenta en la moto. Por un momento, me hizo pensar que si no había llegado el fin del mundo… casi.

Pero el fin del mundo no estaba en la tormenta, sino en el nacimiento del río. Porque es lo que allí te encuentras al aparcar la moto, el maravilloso fin del mundo. Un nacimiento impresionante, que aconsejan ver durante el conocido "Reventón", en el que el caudal aumenta por 1.000.

Nacimiento Rio Mundo_baja

Nacimiento Rio Mundo, Albacete_baja

Los meses más usuales en los que se produce el reventón son enero, marzo, noviembre y diciembre, cuando las condiciones meteorológicas y las lluvias caídas se ponen de acuerdo con el río para regalarnos ese increíble espectáculo. La tormenta nos permitió ver más caudal en el río que un día normal de verano. La belleza del río y sus cascadas hacen imprescindible una parada aquí a quienes visiten la zona.

Durante el viaje, me resultaba extraño visualizar un paisaje idílico y no poder comentarlo con nadie. En este viaje no llevábamos interfonos. Y estamos acostumbrados, al menos yo, a comentar con tus compañeros de viaje lo que nos sorprende.  Así que, de repente, me encontraba con la cabeza encerrada en un casco que, aunque te permite respirar con facilidad, no facilita que las palabras que intentas lanzar, quizá a gritos, las pueda escuchar tu compañero. A algunos les podrá parecer una obviedad esto, pero para mí, que era mi primer viaje, todo esto era nuevo.

Tras disfrutar de este paisaje con el que me había regalado la vista la naturaleza, continuamos nuestro camino en dirección a Almería. Cerca ya de la una de la madrugada llegamos a Águilas, en Murcia, donde pasamos la primera noche.

Almeria Costa. Mirador de la granatilla. Cabo de Gata, Nijar_baja

Esa primera noche dormimos en el camping Bellavista, en el que a pesar de las horas que eran,  tanto la dueña del camping  como su compañero, nos acogieron  con un estupendo recibimiento.

Es un camping que se encuentra muy bien situado dentro del  pueblo y da directamente a la playa. Es económico y tiene unas aceptables instalaciones tanto para gente joven, como para quienes quieren pasar unos días en familia.

Tras un primer día de viaje algo cansado por ser mi primera vez en moto y con la tienda de campaña ya instalada, intentamos encontrar un sitio donde nos dieran algo de cenar o por lo menos pudiéramos picar algo. Porque, al menos yo, tenía un hambre “brutal”. Dada la hora que era ya, tuvimos que conformarnos con un pub de la zona, que para nuestra “suerte” tenia cafetería y un par de bollos duros de la mañana anterior.

Para desayunar, y dada la poco sabrosa experiencia de la noche anterior, elegimos una heladería, frente a la playa de la Colonia, La Ibense Helados Artesanos, que contaba con una gran variedad de desayunos, platos combinados y bebidas refrescantes para tomar junto al mar. Una interesante experiencia también, porque ¿a quién no le gusta desayunar frente al mar?

Esa había sido nuestra  primera noche en la ruta que nos llevaría a mi deseado interés por conocer el Parque Natural del Cabo de Gata. Del que había oído hablar innumerables veces y que tenía unas  ganas locas de conocer.

Costa Almeriense..Cabo de Gata, Nijar_baja

La ruta la conocen muchos moteros, que atraídos por los paisajes, las playas y  las espectaculares curvas del recorrido, repiten con frecuencia.

Haré un pequeño paréntesis para comentaros que otra cosa que me llamó la atención de mi primer viaje en moto, fue el código de comunicación entre moteros. A mí nadie me había explicado que eso existía, y al principio observaba  a Alberto haciendo gestos  y me parecía que estaba "hablando" solo.  Pensaba ¿qué hará? ¿Se le habrá dormido la mano? ¿Le molestará el guante? Era algo mucho más sencillo, intentaba comunicarse conmigo. Son las primeras señas y gestos que todo motero debe conocer para poder comunicarse con quien le está llevando en moto. Así que, tras muchos kilómetros ya sobre dos ruedas y una conversación en ese pub, en el que casi le pregunté que si tenía problemas musculares en el brazo, descubrí en qué consistían los gentos y aprendí a comunicarme con él. Son tres o cuatro sutiles indicaciones, que te pueden salvar si, por ejemplo, tienes necesidad de ir al servicio.

También aprendí el conocidísimo saludo motero solidario y de complicidad, que se realiza poniendo los dedos de la mano para formar la "V" de victoria, y que Alberto repetía constantemente al cruzarnos por el camino con otros moteros que recorrían también esa famosa ruta pero en dirección contraria.

Continuamos nuestro viaje por la costa almeriense, en dirección al Faro de Cabo de Gata, atravesando el parque natural del mismo nombre. Pasamos, y fue un increíble descubrimiento para mí, por paisajes naturales y costa virgen, así como por bellos pueblos como Vera, Mojácar, Carboneras, Nijar o la propia ciudad de  Almería. Dado que nuestro destino era Gata, la visita por estos lugares fue  breve, así que los dejo pendientes de visitar de nuevo en otro viaje. Os  engañaría si os dijese que no pasé también por las tierras más feas que he visto en mucho tiempo. Tierras de cultivos repletas de invernaderos plastificados.

Finalmente encontramos nuestro premio. Lo que estábamos buscando desde el inicio del viaje. El alucinante e impresionante (podría seguir y nunca se me acabarían los calificativos), Cabo de Gata. Uno de los paisajes más bellos que he podido presenciar dentro de nuestra tierra. Un mar de aguas cristalinas, ideales para las rutas en kayak, o para deportes como snorkel  o buceo.  Un paisaje que todos deberíamos conocer al menos una vez en la vida. Yo tengo planeado volver de nuevo y dedicarle más tiempo, varios días, para conocer el parque natural en profundidad. Porque este viaje me supo a poco.

Cabo de gata_baja

Continuamos nuestro viaje y esa noche la pasamos en un hostal a las afueras de Granada. Porque aunque nos gusta mucho el campo, la naturaleza y las playas, queríamos imprimirle a nuestro recorrido una vertiente de turismo cultural, que también nos apasiona.

Queríamos conocer la famosa Alhambra, pero nos quedó pendiente para el próximo viaje. Tengo que confesar que desconocíamos que hay que hacer reserva para poder ver el interior. Tuvimos que conformarnos con ver de cerca y de lejos el conjunto de monumentos y jardines que se integran perfectamente con el paisaje natural de Granada, y que pertenece a nuestro amplio patrimonio de la humanidad.

Así que volvimos a la naturaleza e hicimos una maravillosa ruta por Sierra Nevada. Aún sin las nieves invernales, es digno de ver, tanto la estación de los Borreguiles, como las maravillosas vistas desde la Veleta o desde la Virgen de las Nieves.

La virgen de las nieves, Sierra Nevada_bajaVista sierra nevada desde la veleta_baja 

Después de eso se produjo el inevitable retorno a Madrid. Hay que trabajar y volver a los quehaceres cotidianos, pero desde entonces, en mi cabeza hay latente una pregunta, ¿cuál será el próximo destino al que nos lleve nuestra “japonesa” de 1.400 cc? Desde entonces hemos hecho otros viajes, pero aquél fue el primero, y lo recuerdo con un especial cariño.

Descubrí que hay cosas que solo puedes hacer o apreciar yendo en moto, y que no es posible en un automóvil, Como parar al borde de la carretera y sin peligro en lugares en los que no pueden hacerlo otros vehículos, o apreciar cada diferente olor. El de las flores, el de los pinos, el del mar, el de la humedad del rio en la noche y hasta, y esto es el único inconveniente,  el de un huerto recién abonado o un campo de estiércol...

Alberto y yo nos conocíamos hacía aproximadamente unos  10 años, pero hasta ese viaje nuestra relación se basaba en una bonita amistad. Fue en ese primer viaje y esos 1.500 km en moto, donde surgió el amor, o mejor dicho, lo reafirmamos, viajando juntos,  yo detrás de él, agarrada y sintiendo cada curva junto como uno sólo.

Desde entonces,... mi vida ha cambiado mucho, y ahora tenemos una preciosa hija juntos

Por Mónica Gordillo, viajera y amiga de DIARIO SALIR

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